2010/03/26

Regocijo en lo absurdo (:


corro así como si saliera de un encierro, hacia la sombra de un gran árbol, me lanzo y ruedo, tomo el riesgo de ensuciarme mientras relajo mi mente y dejo de pensar en oportunidades e irrealidades. sueno como una gran maquina, se oye mi respiración, mi corazón y otro órganos conversan mientras veo las estrellas salir de su escondite una a una. veo luego una porción de mi dedo, siento como se posa en el un caracol, lo recrimino con mi mirada, luego lo examino y me da curiosidad, lo ignoro para regresar a mi conservatorio, a mi seminario sobre la nada dirigido al universo. se inunda algo así como una pieza de mi conciencia, no de remordimiento mas de ligerezas. el caracol ya sube por mi brazo con una caricia un tanto repugnante y fría aunque tierna. hasta hace poco me sentí como un vaso vació y ahora estoy delirando. lo bizarro en mi ya ha llegado a un nuevo nivel, lo normal sigue siendo parte de la relatividad. pienso en helado de pistaccio y en la película la vida es bella mientras tuerzo con determinación oculta mis piernas antes de estirarlas para sentir el pasto en mis dedos. y sigue el caracol-babosa que me inquieta, nadie mejor para acompañarme en este viaje galáctico y sarcástico. me susurro su nombre, algo así como Loretipu. me dice que me ama y le gusta abrazarme por partes. a estas alturas yo también lo amo. entonces en mi bolso del que no había hablado se enciende una luz algo verde. me siento, leo el mensaje, recorro el paisaje con la mirada, doy un beso al "caparazón" de Loretipu y parto a mi casa saltando al mismo tiempo que tarareo un melodía inventada... linda velada...

2010/01/24

Belle ^____^


La conocí hace poco mas de un año, debo decir que como a muchas otras personas le otorgaba características que ahora se no concuerdan con su personalidad. Es parte esencial de algo desconocido para mi que la complementa mas no la define, es decir, es un todo en su parcialidad. Esta jeva de ojos pardos, tiene un pie en el inicio de la 3 década de su vida. Es algo indecisa mas consciente de lo que la complementa, de lo que siente, de lo que admira. Observa el mundo como una gran esfera musical, llena de pasión. Camina sin rumbo a veces en busca de emociones y demás, se sorprende cual niña curiosa al oír la realidad de algunos otros menos afortunados, tal vez en el amor, tal vez en el destino. Camina de forma animada, mas sin prisa. Es de aquellas personas que prefieren disfrutarlo todo así, sin colar, sin mentir, así, pleno, real. Entonces, elijo a esta chica con gafas y frenos como la heroína de hoy, por que es que me encanta que aunque de poca estatura la sienta tan grande, impresionante, impactante, valedera de una de mis historias.


Belle, como le gustaba que le llamaran, servia como muchas otras veces de modelo para su hermana. Llevaban todo el día buscando material, objetos, momentos, cosas que tuviesen algo que contar, que reflejar ante la cámara, y pudiesen apoyarse en la figura de Belle para una reconstrucción mas precisa de historias. Llegan a una fuente rodeada de palomas, un cliché, mas aun así la hermana piensa que Belle le daría actitud a la imagen. Suenan tambores, ritmo de palos, desde aquí Belle huele una mezcla de tabaco y ron. La llama la música, sale corriendo con su amuleto detrás. Conoce a esta gente, son sus amigos, y los que no hasta podrían llegar a ser hermanos.

En su mente baila al ritmo del hechizo musical mientras bebe de ese licor de azúcar que tanto desea, que se desliza por su paladar y anestesia su físico al mismo tiempo que agudiza sus sentidos, los cuales captan a alguien, o a varias, a una mas que a las demás, porque es que las demás son impresionables, pero esta impresiona. La viene mirando, de reojo, de frente. La mira como si no existieran los otros, como si no hubiese mañana, como si el próximo segundo no fuera mas que un siglo desperdiciado en agonía. Se acercan, hablan de nimiedades, del clima, de que si que estas buena y deseo tenerte.

De manera tal que de un minuto a otro se encuentran en un local abandonado, quien sabe como habrán llegado, Belle solo sabe que le importa el sabor de la lengua de aquella otra en su boca, le encanta como encajan, como cada roce de piel esta perfectamente coordinado, como se sienten sus senos contra ella, como se besan con los dedos, que bien sentir sus labios en su boca, su cuello, su sexo, su pecho. Repiten una y otra vez, en la misma frecuencia, diferentes sintonias, lloviendo, por dentro y por fuera. Mientras se escuchan fuertes jadeos que hablan sobre la llegada a la gloria, como tocar el cielo con la punta de la nariz y tal vez con algo mas del cuerpo. Excelente descarga de energía.

Se detiene la música y disminuye el efecto del alcohol, pero aun se les hace imposible separase, se tornan en perfecto ensamblaje. Se oye la voz del amuleto gritar que ya deben irse. Despegarse parece imposible, es como un trago amargo, casi veneno. Ahora hay que correr al punto de encuentro para llegar a casa. Ya en esta Belle recuerda toda caricia, su cara, su anatomía y cada movimiento, aunque no su nombre, probablemente ni se lo pregunto. Ríe. Toma una ducha. Duerme.

2009/12/31

*


Se llamaba Rebecca, le gustaba el amarrillo, caminar descalza sobre la yerba mojada, tenía unos 19 años con 7 meses, 3 semanas, cuatros días y par de horas (no hay que ser tan exacto). Contaba con unos 5’4” pies de alta, era estudiante promedio de su clase, aun así considerada de las mejores. Prácticamente nadie más que las personas necesaria conocían de su existencia, a otros simplemente no les interesaba. A esta niña en cuerpo adolescente le gustaba andar en vestido y pelo suelto. Lucio una larga melena pelirroja, poseía uno hechizantes ojos azules, ambas cosas características del padre. De la madre había heredado la voluptuosa figura y la firmeza de su rostro. Era una de esas personas de mirada inocente. Dueña de un semblante melancólico aunque alegre. El padre era un francés, un sacerdote excomulgado, despatriorizado, que amaba a su hija como a nadie en este mundo. Su madre, mujer de pueblo, de carácter fuerte y expresión áspera y dura, dominada solo por ese santo literato. Esta liga de colores y sabores, arrojo a una hermosa pequeña con candela en el pelo aun mundo de tamboras, baile, casabe, ron y pueblo. Porque es que este país es del pueblo aunque no se oiga.

Ese día, a eso de las 4 de la tarde luego de hacer sus tareas y bañarse, justo antes de comenzar a jugar, sonó el timbre de la casa azul donde vivía con su abuela y sus dos primitos, tenía unos 10 años viviendo con ellos, desde que sus padres se fueron con pasaje de solo ida disque a buscar mejor vida allá en el norte del continente. Rebecca fue a contestar, y hay le llego un paquete. A su nombre, con remitente al palacio sin realeza. La joven, que por su crianza tanto como por sus represiones era más una niña, había recibido de su excelentísimo un vestido amarillo de noche, este traía consigo una invitación a la fiesta anual realizada en el palacio para año nuevo. LA abuela la quiso ocultar, un alma tan bella, un cuerpecito tan frágil no puede ser tomado por semejante bestia. Nadie pudo ayudarlas. Rebecca se alisto, abrazo a los suyos, y como quien sabe que ya no hay porque razón mirar hacia detrás, se despidió.

Probablemente este sea el mejor decorado que esta joven haya podido ver en su vida, y tenía el “honor” de andar de brazos nada más que con el mismísimo mandatario del pueblo sin voz. Paso la noche, como quien sabe que era ya la última, pero sin arriesgar a nadie. Al llegar al aposento, donde debía aguardar a ser desflorada, respiro profundamente, y pensó en todo aquello con lo cual Dios la había bendecido. Entra la bestia, sin seducción, sin pasión, sin siquiera respeto, le penetras el cuerpo, los sentidos y el alma. La deja vacía. Dejo eso hermosos ojos sin brillo, y el cuerpo manchado de un rojo igual o más vivo que sus delicados rizos. No basta solo la humillación sino que se debe hacer sufrir y hacerse el sordo, envidiar, moverse por la falta de carácter. Por eso ella no es ya mas Rebecca, sino nadie, tal como lo son las demás.